lunes, 3 de julio de 2017

PSIQUIATRAS, PSICÓLOGOS Y OTROS ENFERMOS




Yo voy al psicólogo. Yo no soy de las no lo dicen, qué va: Yo voy al psicólogo. Llevo yendo una pila de años, pero como es del seguro, las visitas son cada mes y medio (chispa más o menos), así que, en realidad, nos vemos unas 5 veces al año. Yo estoy muy contenta con mi psicólogo porque no va de enteradillo pero, sobre todo, porque es una buena persona. Una mala persona no puede llegar nunca a ser un buen profesional; puedes ser un gran profesional pero no alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia. Comprometerse con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos exige ética. Y eso es, justamente, lo que diferencia a mi psicólogo del resto.

Mi psicólogo y yo tenemos una relación muy especial. Yo la primera vez que le vi le dejé las cosas muy claritas. Para empezar, le dije, que de hablarnos de usted, nanái; que yo no le iba contando mis privacidades a individuo/as que me hablaban de usted, que esa había sido la tónica que habían seguido el patán y la patana de psiquiatras que me habían “tratado” antes que él; que mucho “usted” por aquí, mucho “usted” por allá, y que no sólo no tenían ni puta idea de qué iba la película, sino que cualquier parecido con el guión era pura coincidencia.  Le pareció bien, y hasta hoy.

Resulta que hace  más de diez años, cuando me diagnosticaron, entre otras cosas, Fibromialgia, mi médico de cabecera de entonces pensó que un psiquiatra me ayudaría. Es cierto que yo estaba medio loca, pero no sólo por la FM, sino por deambular durante más de 20 años de médico en médico y tiro porque me toca, y no obtener respuesta ni diagnóstico de ninguno de ellos. Ahora bien, pastillas me recetaban por un tubo. Tampoco ayudaba mucho lo que tenía en mi propia casa, pero de eso ya contaré otro día.

 Mi médico de entonces, como decía, me envió a la Unidad de Salud Mental, que en mi pueblo viene a ser,  lo que Andalucía es en España: un pequeño-gran  terreno dentro de un colectivo donde el corporativismo es la única religión que se practica, y cualquier usuario que no toque las palmas a tan distinguido elenco, viene a ser tratado como un purulento grano en el culo, no sé si me explico.

 El primer  psiquiatra que me “trató”, el que se suponía que me iba a ayudar a entender y afrontar la enfermedad y lo demás, hizo de todo menos ayudarme. Además, cuando la Inspección médica requirió su informe para continuar con mi baja laboral o proponerme para una incapacidad, redactó uno muy completito, en el que venía a decir, que servidora estaba exagerando, y que me dieran el alta, que yo estaba como una perita en dulce. De todos modos, me recetó varias clases de pastillas. Supongo  que viaja bastante a costa de los laboratorios farmacéuticos.
Como esa terapia no formaba parte de lo que yo entendía por ayuda, escribí una carta al jefe de la Unidad de Salud Mental (el señorito del cortijo), para que me cambiara de terapeuta, pero se ve que no le molaban las listillas que iban criticando a sus compis, y tuvo que intervenir alguien de más arriba para conseguir que me adjudicaran otro terapeuta (van dos); esta vez, una psiquiatra que estaba de diván, y con muchas ganas de conocer mundo: le encantaba recetar pastillas. En consulta, mientras yo revelaba mi rollo, ella hojeaba lo último de la dieta Dukan, ansiosa por librarse de los 5 kilos que me sobran. A los 20 minutos de consulta me cortaba en seco para anunciarme que mi tiempo había terminado, y me recetaba las drogas legales que más que colocar, me descolocaban.
Con ese panorama escribí otra carta  para solicitar otro cambio. En mi epístola volví a recalcar que servidora no necesitaba a una psiquiatra obsesionada con su peso, que recetaba pastillas, sino a un psicólogo; que yo lo que necesitaba eran herramientas para salir adelante en los frentes que tenía abiertos, no pastillas para evadirme de la realidad.

A la tercera (después de más de dos décadas), me asignaron  a mi  psicólogo. Nos entendimos desde el minuto cero. Me ha ayudado, que es de lo que se trata. No como el resto de los burócratas-endiosados que casi me vuelven loca años atrás. Ojito, que aquí, si no estás atento, te convierten en un  zombi alienado incapaz de pensar por ti mismo. También me quedó cristalino que los que trabajan en el gremio de la psiquiatría tienen un problema de identidad y que todos ellos requerirían un tratamiento psicológico, si acaso lograran ponerse de acuerdo sobre lo que eso significa.

Los años fueron dejando atrás esos tiempos de incertidumbre, pero un día, de camino a la cita con mi psicólogo ocurrió algo, como poco, surrealista. Me percaté de que a mi derecha caminaba el primer psiquiatra que me atendió años atrás. Iba como un colegial, partiéndose de risa y haciéndose el gallito con una colega muy joven. Me vio pero se hizo el longuis.
Cuando entré en el edificio, en la puerta del ascensor, esperando a sus coleguis, se encontraba la doctora fan de Dukan, con pareado incorporado; la misma a la que cuando pedía informes que me requería la Inspección médica, hacía todo lo posible para desmarcarse, para decir poco o nada, no vaya a ser que me dieran una paguita. La misma que era clavada a Ana Mato. Lo juro. No sé si tendría un Jaguar en el garaje de su casa, pero, le pegaba bastante.
Justo detrás de ella apareció riéndose a carcajadas el señorito del cortijo, también psiquiatra. El mismo al que no le gustan los listillos que escriben cartas. A veces, la realidad supera a la ficción, pensé, estupefastra.

Volvían de desayunar del bar de enfrente. Sin prisas. Como tres colegiales traviesos en la hora del recreo. Increíble. El destino me deparaba un viaje en ascensor durante cinco plantas con un claro ejemplo de personas que en un momento dado tienen el poder de hacer pedazos la vida de otros. De eso también trata la corrupción: del abuso de poder. Y ellos lo tienen.
Ya en el ascensor, con semejante trío, lo único que podía pensar, era que, a pesar de que la vida puede llegar  a ser muy perra, a veces te pone a huevo darte un pequeño homenaje.

-Anda, ¡la pandilla completa! – apunté, irónicamente, mientras el esperpéntico elevador navegaba hasta la quinta planta del edificio. Los tres agacharon sus engreídas cabezas, como si  hubieran sido pillados en pelotas in fraganti  haciéndose una manola delante de un auditorio de 10.000 personas.
 No sentí acritud. Ni pena, ni gloria; sólo pensaba que, a veces, la vida te depara situaciones que no llegas a imaginar; pensaba que hay respuestas, gestos, actitudes y momentos que no tienen precio, sobre todo, cuando los protagonistas forman parte del olimpo de los dioses que se creen algunos  psiquiatras, psicólogos y otros enfermos.

Mi psicólogo no es como el resto. La semana pasada, en nuestra última cita, tuve que ser yo la que le dispensara terapia. A veces ocurre. Al entrar en la consulta noté su cara como desencajada. Cuando le pregunté qué le ocurría, me dijo que sus niveles de  PSA   estaban muy altos y que tenía que comenzar de nuevo todo ese proceso, que los que formamos parte de ese club del que nadie quiere ser socio, ese mismo que tiene nombre de horóscopo, conocemos tan bien.  Estaba descompuesto porque pensaba que después de un año y medio de analíticas chachi, su cáncer había quedado en una mera anécdota, pero que, al parecer, ha vuelto.

 Sí, a veces la vida puede llegar a ser muy perra, pero, a veces también, si luchas por lo que quieres, te recompensa con personas que son algo más que un soporte en tu vida, gente buena en las que se palpa su implicación con la persona que tienen delante. No importa si es médico o  paciente. De eso trata un poco, en mi opinión,  ser buena persona. Del resto, ya pasé página.

Después de nuestra terapia  - a la inversa -  nos despedimos. Le dije que todo va a salir bien, y también le dejé por escrito una ristra de consejos alimentarios y de vida que le pueden ayudar a combatir el cáncer. Todo va a salir bien; se lo repetí varias veces. Y luego, como siempre, nos dimos dos besos y un abrazo. Y otro más de regalo. Mi psicólogo es, además de un buen profesional, una buena persona. No se cree Dios: me tutea, me escucha, me abraza y, a veces, por qué no, también necesita ser abrazado. Faltaría más.


Para R: Todo va a salir bien. ¡Adelante!





viernes, 12 de mayo de 2017

EL DON DE LA SENSIBILIDAD Y LA FIBROMIALGIA





Con los años es habitual percatarse de que el tiempo, el tesoro más grande que poseemos y que se cuenta por horas, días, meses o años, no es otra cosa que una medida. El tiempo es ahora; cada día es el mejor del año. El tiempo es sabiduría. Se detiene cuando aceptas lo  que te ha tocado vivir. Comprendes que las prisas, los plazos o las fechas son sólo formas de medir el tiempo. Y entonces comienzas a vivir a tu ritmo, sin prisas. Y escribes cuando puedes, no cuando quieres, pero no por eso deja de ser menos excitante. Un día de los nuestros, vale por dos mañanas.
El artículo con el que continuo, tras una larga ausencia, en mi blog "El diario de Amanda Flores", se publicó hace un año en el periódico digital La Voz del Sur. Quiero recuperarlo por aquí para continuar aportando mi granito de arena en esta causa, para muchos, invisible, y para sus protagonistas, todo un reto de vida.



  EL DON DE LA SENSIBILIDAD Y LA FIBROMIALGIA


 Lacitos aparte,  el 12 de mayo se celebra el Día Mundial de la Fibromialgia y del Síndrome de Fatiga Crónica. Ambos se han convertido en un filón para experimentar con cobayas humanas y, sobre todo, para que un montón de gente se haga rica con el lanzamiento de todo tipo de fármacos y terapias que prometen ser la panacea para quienes han sido “agraciados” con padecer esta incalificable y extraña enfermedad.
No voy a aburrir al personal con un panegírico sobre la Fibromialgia, ni a contar mi vida en tres tomos: si algo sobran  hoy  en día son sitios donde informarse. O desinformarse –  según se mire  –. Tampoco voy a desperdiciar la oportunidad de expresar mi opinión al respecto.

Lo que lleva a pensar en el suicidio cuando tienes Fibromialgia y SDFC, no es el dolor, ni los síntomas, ni tampoco tener que estar justificándote constantemente porque tu aspecto te delata y nadie puede llegar a imaginar lo que ocurre bajo la corteza de tu piel. Lo que te hace sobrar en el mundo cuando la padeces, es la incomprensión social. La mayoría de la sociedad etiqueta erróneamente a todos los portadores de FM con el mismo rasero. Si un simple resfriado, un dolor de cabeza o un orgasmo, tienen diferentes grados en quienes lo padecen (o lo gozan), la Fibromialgia y el SDFC  tampoco afectan por igual a todo el mundo. Por mucho que el listillo de turno se empeñe. Además, está el hecho de que son enfermedades desconocidas socialmente, por lo que son menospreciadas, e incluso negadas por el entorno próximo: familia, laboral y médico. Todo ello no hace sino desubicar, todavía más, a una persona que de por sí está totalmente desconcertada tratando de encontrar una explicación a lo que le ocurre.

He estado revisando algunos artículos y estudios sobre los últimos avances que se han producido en los últimos años sobre este complejo y lucrativo negocio y no me han decepcionado. Todo un repertorio de novedosas teorías que  tratan de innovar hipótesis ya manidas. Ahora se achaca el origen de la FM a la cervical,  la cabeza, terminaciones nerviosas de manos y pies, en las alteraciones del flujo sanguíneo, los genes, o en el cerebro. Algunos la describen como una anomalía genética, e incluso, hablan de grados de bipolaridad en las pacientes. Lo cierto es que cuanto más disperso sea su origen mayor cantidad de dinero generará.

Para mi sorpresa, también he encontrado algunos estudios novedosos excelentemente documentados. En uno de ellos  se declara que el grupo de FM estudiado tenía considerablemente más sensibilidad a estímulos sensoriales táctiles, auditivos y olfativos en comparación con grupos de control que no mostraron tales hipersensibilidades.
Otro estudio, en la misma línea, llega a la conclusión de  que las mujeres con FM reportaron un aumento en la sensibilidad a los estímulos en el ambiente y podrían experimentar más estrés relacionado con las condiciones sensoriales en la vida diaria.
El tercer estudio que atrapa mi atención argumenta que la sensibilidad sensorial a estímulos presentes en la vida cotidiana, que no parecen molestar a otras personas, sí lo hacen en pacientes de FM, quedando demostrado que poseen una alta sensibilidad para determinadas situaciones, aparentemente normales en el resto de la población.
Parece que, dejando a un lado la ciencia, por fin se está prestando atención a algo que eran tan evidente que dejó de serlo: la sensibilidad en las pacientes de FM.

Personalmente, toda la vida me tacharon de sensible, llorona, rara, delicada o aguafiestas. También de “excesiva”. Toda la vida pensé que había nacido con un defecto de fábrica que debía ocultar y que me condenaba a una vida de segunda clase. Hasta que, no hace mucho tiempo, descubrí que hay una tipología de personas llamadas PAS (Personas Altamente Sensibles). El libro “El Don de la Sensibilidad” que Elaine Aron escribió en la década de los 90 los retrata y descubre. Apenas he leído un tercio del ejemplar y creo que todo el mundo debería leerlo. Con el tiempo una va descubriendo que tener información que pueda arrojar luz a lo que te ocurre, te aporta serenidad y confianza, básicamente, porque aquello de lo que no te percates, te hará daño.

(…) Tener un sistema nervioso sensible es normal, es un rasgo básicamente neutro. Probablemente, usted lo haya heredado. Sucede en alrededor del 15 al 20% de la población. Significa que es usted consciente de cosas muy sutiles de su entorno, una gran ventaja en muchas situaciones. También significa que se ve abrumado más fácilmente cuando se ve sometido durante mucho tiempo a un entorno altamente estimulante, bombardeado con imágenes y sonidos hasta que se siente exhausto y con el sistema nervios alterado (…)

¿Cuál es el ideal en nuestra cultura? Las películas, los anuncios, el diseño de los espacios públicos, todo nos recuerda que tenemos que ser tan rudos como Terminator, tan estoicos como Clint Eastwood y tan extravertidos como Goldie Hawn. Nos deberían estimular agradablemente las luces brillantes, el ruido, una pandilla de chicos alegres que pasa el rato en el bar… Si nos sentimos saturados y sensibles, siempre podemos tomarnos un calmante (…)

Son algunos extractos del libro, que dan pistas del desconcierto que ha acompañado a las PAS antes de percatarse de lo que les sucedía, si es que alguna vez llegaron a hacerlo.

La directora del programa de rehabilitación del dolor crónico en la Clínica de Cleveland, Judith Scheman, opina que los traumas del pasado pueden hacer que la gente sea más sensible al dolor y por lo tanto más susceptible a transtornos como la Fibromialgia. Ella y su equipo impulsan a los pacientes con dolor a “explorar su pasado y sus traumas emocionales”, pero muchos rechazan hacerlo porque a menudo no comprenden por qué tienen que hacer un trabajo emocional.
Yo creo que para afrontar cualquier enfermedad es necesario llevar a cabo un trabajo personal que incluye un exhaustivo ejercicio de introspección. Las consecuencias pueden ser cambios abrumadores en tu vida personal pero, a menudo, esos cambios suponen reconducir dolencias, e incluso, el modo de ver o saborear la vida.
También creo , que dado lo denostado que se cotiza hoy en día el ser sensible, muchas personas no quieran ahondar en algo que les puede estigmatizar - todavía más - , por lo que deciden continuar sus vidas por los renglones torcidos que les dictan la sociedad o sus “seres queridos”, con el consiguiente perjuicio para su salud física y emocional.

Estaría bien hacer borrón y cuenta nueva y renovar el enfoque del concepto “sensibilidad” para dejar de apreciarlo como sinónimo de “debilidad”, y comenzar a valorar el ser sensible como algo que hace genuinos a quienes lo son. Existen Personas Altamente Sensibles que son  escritores, filósofos, artistas, investigadores o terapeutas, que aportan o sugieren el pensar diferente en todas las extensiones posibles de una idea.

Por mi propia experiencia y por lo que he observado a lo largo de los años con pacientes  de FM en diversos ámbitos, creo que detrás de una paciente con FM se oculta una Persona Altamente Sensible, desbordada por el impacto que supuso en su ser no amoldarse al ideal de su cultura, y no encajar con los estereotipos que se nos ofrecen para ser imitados. En mi caso, me afectó, no sólo por el modo como me trataban los demás, sino sobre todo, por el modo en que llegué a tratarme a mí misma.

A veces conviene apartarse un poco de lo científico, de lo convencional. Lo maravilloso es que  puedes apreciar con mayor claridad la relación directa de las experiencias emocionales con el cuerpo, y lo que supone el crecimiento personal en la manera de reconducir la enfermedad en las personas con FM (o con cualquier otra dolencia). Descubrir como una de sus posibles causas es el ser Altamente Sensible y, también, ser conscientes de sus efectos. Pero,  sobre todo, ser consciente de que ello, no sólo no mermará tu calidad como ser humano, sino que te aportará sabiduría. Se trata de adquirir consciencia del don que supone ser una PAS (Persona Altamente Sensible) para llegar al estadio de vivir la vida en lugar de padecerla.
 El libro de Elaine Aron explica y arroja luz a los que durante tanto tiempo anduvimos por la oscuridad sobre estimulados y activados sin ser conscientes de ello, y por ello, atacados por la enfermedad. Tengamos FM o no, no somos lloricas, cuentistas, excesivos, aguafiestas ni débiles, sólo Personas Altamente Sensibles; no nacimos defectuosas, sino con un don: El Don de la Sensibilidad.



Puede interesar:

La MEDICINA INTEGRATIVA aborda los problemas del cuerpo, pero también de la mente y del espíritu, y lo hace de forma global. Este método está cambiando de forma importante los modos de tratamiento y ha contribuido a mejorar la calidad de vida, reducir sus complicaciones y crisis, los pacientes encuentran fases prolongadas sin síntomas, hay mejora en los parámetros bioquímicos e inflamatorios. El consumo de medicamentos potentes disminuye reduciendo sus efectos secundarios. Su práctica se está extendiendo como un movimiento médico internacional y tiene como algunos ejemplos el trabajo en los Estados Unidos del Consorcio Norteamericano de Facultades de Medicina con más de 44 facultades de medicina de alto prestigio (www.imconsortium.org), en Alemania (Congreso Europeo de Medicina Integrativa), o en el Reino Unido en los trabajos y actividades del Royal Hospital for Integrated Medicine, entre otros.



jueves, 27 de octubre de 2016

ACERCA DEL DESTINO



"Nadie está aquí para cumplir tu sueño. Todo el mundo está aquí para cumplir su propio destino, su propia realidad"

 - Osho -





A mi madre

miércoles, 6 de julio de 2016

CONI







Yo estaba tomando algo refrescante en la terraza de un bar cuando pasó por delante de mí. Nos miramos y en pocos segundos supimos que nuestras vidas ya nunca volverían a ser las mismas.
 Su porte elegante delataba que descendía de una estirpe procedente del noroeste de Europa; su madurez le hacía rezumar seguridad en cada pisada que daba, sin quitarle emoción a sus actos. Me cautivó su serenidad. Lo nuestro fue amor a primera vista. Un flechazo. Ocurre cuando no escondemos lo que realmente sentimos bajo un manto de palabras escogidas para la ocasión, cuando nuestros ojos insinúan, gritan, mucho más que un millón de palabras que describen la crudeza de los hechos. Cuando los ojos de quienes se miran dicen tanto, no importan los idiomas. Desde el minuto cero nos entendimos con la mirada, por eso no nos hizo falta un diccionario para comprendernos

              "Quien no entiende una mirada jamás entenderá una larga explicación"

Todavía no hace un año que llegó a mi vida y nunca imaginé que me la cambiaría tanto ni que me brindaría momentos tan felices. Cada mañana, con las claritas del día, me enseña a descubrir  diferentes amaneceres. Los olores de la lluvia, del rocío sobre el césped del parque; los diferentes colores de la hierba y de los árboles según la época del año. Su carácter atrae a personas maravillosas llenas de buena energía, entre las que estamos encontrando amigos con intereses comunes.

Mi querido compañero llegó a mí de una manera muy especial. También hace mi vida cada día más especial y presiento que va a ser así durante mucho tiempo. Sí... nunca imaginé que mi perro pudiera llegar a ser tan terapeútico, ni que llegara en un momento tan importante de mi vida, ni que me arrancara lo más parecido que he hecho a una carta de amor desde hace mucho, mucho tiempo. Porque es eso, el TIEMPO, lo más importante que tenemos para compartir.
 Tiempo, con la certeza, ahora sí, de que él no es de los que se cuelan sin invitación, se despiden a la francesa, o regala títulos de cornuda.

A Coni, mi perro.





TE DESEO TIEMPO   

No te deseo un regalo cualquiera,
te deseo aquello que la mayoría no tiene,
te deseo tiempo, para reír y divertirte,
si lo usas adecuadamente podrás obtener de él lo que quieras.

Te deseo tiempo para tu quehacer y tu pensar
no sólo para ti mismo sino también para dedicárselo a los demás.

Te deseo tiempo no para apurarte y andar con prisas
sino para que siempre estés content@.

Te deseo tiempo, no sólo para que transcurra, 
sino para que te quede:
tiempo para asombrarte y tiempo para tener confianza
y no sólo para que lo veas en el reloj.

Te deseo tiempo para que toques las estrellas
y tiempo para crecer, para madurar. Para ser tú.

Te deseo tiempo, para tener esperanza otra vez y para amar,
no tiene sentido añorar.

Te deseo tiempo para que te encuentres contigo mism@,
 para vivir cada día, cada hora, cada minuto como un regalo.

También te deseo tiempo para perdonar y aceptar.

Te deseo de corazón que tengas tiempo,
tiempo para la vida y para tu vida.


Elli Michler (1921-2014) escribió este bello poema 1987.