sábado, 13 de enero de 2018

CHUPAR RUEDA



Son las tres de la tarde. Entro en Aldi. Podría ser Hipercor, Ikea, Lidl. En todos ocurre lo mismo. A determinadas horas en las que, supuestamente, hay menos clientes y es menos fatigoso comprar también hay menos personal para cobrar.  Es habitual ver una sola caja y una larga cola de personas-borrego calladas aguardando su turno. Alcampo, Carrefour, Primark, tienen la exquisita norma de dar preferencia a las personas con discapacidad y tienen una caja dedicada expresamente a este menester.
Como apuntaba, son las tres de la tarde y estoy en Aldi comprando dos o tres cosas. Me gustan sus productos, queda cerca de casa, y no es demasiado grande. La compra se hace ligera por eso lo prefiero al resto. Este establecimiento al igual que Lidl o Hipercor no tiene en cuenta si eres discapacitado. Mi espalda no me permite permanecer de pie sin moverme. Guardar cola tampoco. Tengo una tarjeta que lo acredita. Hoy, como tantas otras veces, hay una sola caja abierta para cobrar y más de diez personas-borrego esperando su turno. Cuando esto ocurre tengo la costumbre de pedir amablemente a la cajera o cajero que abran otra caja. Y la abren. Hoy hice lo propio. Enseguida vino una cajera a abrir su caja. “Pasen por orden de cola”, dice la muchacha. Como soy la única alma que se ha pronunciado sobre el asunto, el “Pasen por orden de cola”,  en mi idioma significa que la primera de ese orden soy yo. Es pura lógica: no habrían abierto otra caja si yo no lo hubiera pedido. Los que esperaban su turno en modo Belinda podrían haber echado raíces tranquilamente sin decir ni mu. Así que cuando me dirijo a pagar, un pavo pretende adelantarme. Amablemente le indico que yo soy la primen. Él me contesta que la chica ha dicho “por orden de cola”; le respondo que si yo no pío no abren la caja y tranquilamente pongo las cuatro o cinco cosas para que me cobren. El tipo se vuelve a su fila y desde allí me dedica una retahíla de críticas que ni me esfuerzo en escuchar. Cuando pago y me voy a marchar todavía continua su discurso ante su audiencia con la condescendencia y la mala cara de la cajera que me ha atendido.
Mientras voy en el coche de vuelta a casa se me ocurre que lo que pasa en el súper es como lo que ocurre en España. Aquí aguantamos lo que nos echen. Esperamos interminables colas. Nos roban. Nos exprimen. Retrocedemos 30 años. Nos recortan en Sanidad, Educación. Nos roban. Se ventilan las reservas de las pensiones. Se suicida gente todos los días pero poco o casi nada se dice al respecto. Nos roban. Muere gente debido a los recortes, por la falta de personal, de recursos. Convierten necesidades esenciales como la luz y el agua en artículos de lujo. Nos roban. Y aquí todos callados como putas. Perdón, como Belinda. Ahora bien, cuando alguien habla, pide, y se le concede, siempre está el que no ha movido un dedo y pretende aprovecharse de la coyuntura. Chupar rueda lo llaman, creo. 
Hablen. Pidan. Reivindiquen. Cumplan con sus deberes como ciudadanos para poder exigir sus derechos. Hablen. Pidan. Abandonen el modo Belinda y el chupar rueda. A lo mejor se sorprenden de lo que consiguen.



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jueves, 28 de diciembre de 2017

NI UNA MÁS, NI UNA MENOS





Hoy en una red social me encuentro el post de más abajo, con la fotografía de arriba, de uno de mis agregados que ya no lo es. Lo he eliminado a él y una de sus palmeras. Como es obvio, alude al programa que se estrenó el miércoles por la noche: “Las Campos en Nueva York”. Lo leo con curiosidad y esta da paso a la estupefacción. Más que nada, porque soy del tipo de mujer que admira a la mujer que expone su opinión e impone su carácter - aún a riesgo de quedarse sola -, antes que a la mujer sumisa que aguanta todo por miedo a quedarse sola.
 Dicho esto, ahí va la verbigracia del interfecto:

“A esta señora María Teresa Campos, no le perdono que haya manchado una escena mítica para muchos de nosotros como el inicio de la película Desayuno con Diamantes basada en la novela Breakfast at Tiffany's de Truman Capote con una Audrey Hepburn maravillosa que en ese momento tenía 31 años y que en plena senectud la parodia esta osada con cerca 77. La osadía y el afán de protagonismo lleva a estos personajes a faltar el respeto a toda la humanidad.”

A este derroche de desprecio, burla y cinismo a propósito del sacrilegio que ha cometido la matriarca del clan Campos, amén del evidente repaso de la Wiki que ha hecho el payo para hacer pública su erudición en cuanto al séptimo arte se refiere, como es de esperar, le responden algunos seguidores incluida yo misma. Los comentarios son los siguientes:

-Una mujer:  Hombre, eso te pasa por poner Telecinco. Yo de esas cosas ni me entero.
-Otra mujer:  Ridiculez y patetismo, elevado al máximo.
-Un hombre (muy hombre, él):  Para correrla a gorrazos.
-Una nueva mujer:  De acuerdo con (…),yo ni idea jaja (emojis partiéndose de risa).
-Yo:   Me encanta la gente que se pone el mundo por montera. Hace unos meses esta señora casi se va a criar malvas. Me parece maravilloso ver a alguien resurgir y hacer lo que le pide el cuerpo emulando a su icono, aún sabiendo que se expone a que le lluevan piedras en forma de críticas. Creo que tiene suficiente pasta como para hacer algo así por dinero. Pero hay cosas, como ponerse el mundo por montera, que no tienen precio. Para todo lo demás, Máster Card.

Zás en toda la boca y fin de los comentarios. Así de simple.
De las cinco opiniones cuatro son de mujeres y sólo una de un hombre. No sé si me produce más repulsa la chulería del artífice del post o los palmeros y palmeras que le han bailado el agua a un machista que se delata a sí mismo. Juzguen ustedes mismos.

Hoy es un día triste. Hoy un mierda ha asesinado a su pareja delante de sus tres hijos. Y digo bien lo de mierda porque luego ha intentado suicidarse, sin éxito. Lástima que no hubiera pensado en hacerlo a la inversa: suicidarse primero y luego matar a su pareja delante de sus tres hijos, ahora ya, huérfanos.
Me pregunto de qué sirve que hayan leyes (insuficientes a todas luces) que tratan de proteger a la mujer ante la violencia del macho que ha elegido o le ha tocado en suerte, si cada milésima de segundo somos testigos de actuaciones, actitudes y comportamientos machistas que consentimos mirando hacia otro lado.Y no sólo en privado, señores, que para eso están las redes sociales: para que se entere el mundo de lo machos que son algunos y de lo gilipollas que son los que les ríen las gracias y no les paran en seco.
Hoy me siento triste. A punto de entrar en 2018, superamos con creces al año pasado en cuanto a las mujeres muertas a manos de sus asesinos. Algunos, incluso están innovando y  matan sólo a los hijos, dejando viva a la mujer para causarle así más daño. La mujer que ha muerto hoy a manos de su asesino en presencia de sus tres hijos se llamaba Arancha. Yo no la conocía pero desde aquí me gustaría dedicarle unas palabras. 
No sé, me gustaría decirle que su muerte no ha sido en vano, que las mujeres nos vamos a querer y cuidar unas a otras para hacernos fuertes. Me gustaría decirle, como leí en alguna parte alguna vez, que yo con las mujeres de mi alrededor no compito. Que nos construimos, y me dan la mano cuando voy la última. Que a mí no me dan envidia: las admiro a todas, porque cada una lucha incansable para llegar donde otros dijeron que no podían.
Me gustaría decirle que las mujeres de mi alrededor critican, mucho, la política, la libertad, la Historia, pero jamás a otras mujeres que deciden ser diferentes. Que las mujeres que yo conozco educan, piensan, hacen, vuelan. Y han dejado de decirse que ellas son las malas.

A mis amigas: lobas, brujas, cómplices, sabias. Compañeras de fatigas, de risas. Confidentes, escuchadoras, contadoras. Mujeres niñas. Mujeres mujeres. Mujeres leonas. De las que no se achantan. A esas que se mojan, que se alegran, que no juzgan, que no tiran por la borda lo que otras sembraron en dos meses, tres años, dos lustros, cien vidas. A esas que han sabido soltar con la premisa de que nunca es tarde. A esas. Sabias, bellas, decididas. Guerreras empedernidas. A esas. A mis amigas: Os amo. Bailemos juntas sin pensar en quién nos mira. No tengáis miedo de vuestro potencial, de vuestra Luz. Que no haya ni una menos ni una más. 
Comenzad con pequeños gestos para empoderarnos. Pequeñas cosas como mandar al carajo y eliminar de una red social a un contacto de ese tipo y a sus palmeros. A los que se burlan de una mujer por su edad, por su arrojo. Por “ La osadía y el afán de protagonismo lleva a estos personajes a faltar el respeto a toda la humanidad”.  Por tener los ovarios de plantarse ante el mundo como le sale del moño, simplemente, porque le da la gana. 
 Recordad que no sólo somos mujeres. Somos mucho más. Y es ahí donde reside  el verdadero miedo del macho hacia la mujeres: sin nosotras no son nada. No lo olvidéis.
 Paremos esto. Nos están matando a voces , en silencio. Despertad. Que no amanezca un día en el que tengamos que contemplar a quién le ha tocado esta vez. Que ya está bien. Ni una menos, ni una más.

  A Arantxa


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